¿Libros, entrenadores o máquinas? El ajedrez frente a la nueva era tecnológica
En una entrevista reciente, Faustino Oro explicó que prácticamente todo su desarrollo ajedrecístico ha estado ligado a la tecnología, las computadoras y los motores.
Por supuesto, hay que hacer una aclaración importante: Faustino también tiene un entrenador. La tecnología forma parte fundamental de su entorno de entrenamiento, pero no sustituye el trabajo humano, la orientación de un entrenador ni el proceso de pensar por cuenta propia.
Faustino nació en una época en la que Stockfish, las bases de datos con millones de partidas, el análisis instantáneo y el entrenamiento online siempre han estado disponibles.
Durante décadas, estudiar ajedrez significaba algo muy diferente.
Sentarse con un libro.
Colocar las piezas sobre el tablero.
Analizar variantes.
Reproducir partidas comentadas.
Y, sobre todo, intentar descubrir por qué los grandes maestros realizaban determinadas jugadas.
Hoy, en cuestión de segundos, un motor puede decirnos cuál es la mejor jugada.
Pero aquí viene lo interesante...
Una paradoja llamada Capablanca
La historia del ajedrez nos presenta una paradoja.
José Raúl Capablanca, probablemente uno de los talentos naturales más extraordinarios que ha producido este deporte, tampoco parecía depender demasiado del estudio tradicional.
Su esposa, Olga, contó que durante los años que estuvo con él nunca lo vio practicar ajedrez en privado e incluso mencionó que no tenían un tablero de ajedrez en casa.
El propio Capablanca escribió que, antes de su famoso match contra Frank Marshall en 1909 —que ganó de manera espectacular por 8-1, además de 14 tablas—, prácticamente no había realizado una preparación teórica profunda de aperturas.
Capablanca desarrolló gran parte de su ajedrez jugando, observando, analizando y tratando de comprender las posiciones por sí mismo.
Y esto cambia un poco el debate.
Tal vez la verdadera discusión no sea libros contra computadoras.
Tal vez la pregunta más importante sea:
¿Cómo aprende realmente un jugador a comprender el ajedrez?
De Capablanca a Kasparov
Capablanca perteneció a una época en la que el conocimiento ajedrecístico se adquiría principalmente frente al tablero, mediante la experiencia práctica, la observación y el estudio de partidas.
Después llegó otra generación.
Garry Kasparov creció en una época en la que los libros, los entrenadores, el análisis humano y el trabajo de un equipo de segundos eran fundamentales. La preparación para un campeonato mundial podía extenderse durante meses.
En aquella época, preparar una partida significaba revisar partidas anteriores del rival, analizar variantes, discutir posiciones con otros jugadores y construir una preparación que, en muchos casos, podía convertirse en una auténtica batalla intelectual.
Después apareció Magnus Carlsen.
Carlsen creció durante la transición entre dos mundos: los libros y el análisis humano seguían siendo fundamentales, pero las bases de datos y los motores comenzaban a transformar la preparación.
Y ahora tenemos a Faustino Oro y a toda una nueva generación de grandes maestros.
Ellos están creciendo directamente dentro de la era de las bases de datos, los programas de ajedrez, el entrenamiento online, los motores y la información inmediata sobre los rivales.
Una computadora puede analizar miles de variantes en cuestión de segundos.
Puede señalar cuál es la mejor jugada.
Puede encontrar recursos tácticos que probablemente ningún ser humano descubriría por sí solo.
Y también puede ayudarnos a entender por qué una jugada funciona.
Aquí aparece una pregunta fascinante.
¿Puede una máquina enseñarnos a comprender?
Recuerdo haber leído alguna vez que Wesley So había desarrollado algunas de sus preparaciones de apertura siguiendo líneas extremadamente cercanas a las propuestas por los programas de ajedrez.
Más allá de la exactitud de esa afirmación concreta, el fenómeno que representa es real y merece nuestra atención: cada vez resulta más difícil separar la preparación humana de la preparación asistida por computadora.
Entonces surge la pregunta:
Si un programa nos muestra la mejor jugada y además nos explica las ideas detrás de ella, ¿no estaremos aprendiendo ajedrez mejor que antes?
Quizás sí.
Pero también existe un peligro.
Si cada vez que tenemos una posición difícil recurrimos inmediatamente al motor, podemos terminar sabiendo qué jugar sin saber, por qué queremos jugarlo.
Podemos memorizar la respuesta sin desarrollar el proceso mental que conduce a ella.
Y eso es muy diferente.
El motor puede decir: "Esta es la mejor jugada".
Pero frente al tablero, durante una partida, seguimos siendo nosotros quienes tenemos que encontrarla.
Las herramientas cambian
Quizás todo esto sea simplemente parte de la evolución.
Hace décadas, muchos podían pensar que estudiar ajedrez con una computadora era una especie de atajo.
Hoy sería difícil imaginar el ajedrez de alto nivel sin computadoras.
Lo mismo ha ocurrido en prácticamente todos los deportes.
En fútbol se utilizan enormes cantidades de datos para analizar jugadores, táctica y estrategia.
En baloncesto se estudían estadísticas avanzadas y patrones de juego.
En tenis se analiza la velocidad, dirección y ubicación de cada golpe.
En béisbol, la tecnología y los datos han transformado completamente la preparación y la estrategia.
El deporte evoluciona porque las herramientas evolucionan.
Y el ajedrez no podía quedar fuera de ese proceso.
Incluso nuestra vida cotidiana ha cambiado de manera irreversible con la tecnología.
Pensemos simplemente en los teléfonos celulares.
Hace algunas décadas no existían. Hoy son una herramienta prácticamente indispensable para comunicarnos, trabajar, informarnos y relacionarnos con otras personas.
No podemos detener la evolución tecnológica.
Entonces quizás tampoco tenga sentido preguntarnos si debemos utilizarla.
La verdadera pregunta debería ser:
¿Cómo debemos utilizarla?
Un motor puede ayudarnos a descubrir una combinación.
Una base de datos puede mostrarnos cómo han jugado miles de maestros antes que nosotros.
Un entrenador puede ayudarnos a interpretar esa información.
Un libro puede enseñarnos una idea estratégica.
Y el tablero nos obliga a pensar.
Quizás el verdadero aprendizaje ocurra cuando conseguimos combinar todas esas herramientas sin permitir que ninguna de ellas piense completamente por nosotros.
¿Y el futuro?
Aquí aparece la pregunta que me parece todavía más interesante.
Si las máquinas continúan mejorando...
Si los motores siguen siendo infinitamente más fuertes que los seres humanos...
Si la inteligencia artificial puede analizar posiciones, preparar aperturas, estudiar rivales y encontrar recursos que un humano jamás descubriría...
¿Llegará un momento en que las máquinas nos habrán dejado definitivamente atrás?
¿Seremos solamente espectadores?
¿Terminaremos viendo partidas entre programas?
¿Serán las partidas entre humanos una especie de ajedrez "artificial", como hoy podemos considerar algunas disciplinas deportivas que han sido completamente transformadas por la tecnología?
No lo sé.
Pero hay algo que sí sabemos.
Las máquinas pueden calcular.
Pueden comparar millones de posiciones.
Pueden encontrar jugadas extraordinarias.
Pueden mostrarnos caminos que jamás habríamos imaginado.
Pero, al menos por ahora, sobre el tablero seguimos siendo nosotros quienes debemos comprender la posición, asumir la responsabilidad y tomar la decisión.
Quizás ese sea precisamente el aspecto del ajedrez que ninguna computadora puede quitarle al ser humano:
la experiencia de sentarse frente al tablero, mirar las piezas y preguntarse qué haría uno mismo.
Así que les dejo dos preguntas:
Si hoy comenzaran a estudiar ajedrez nuevamente desde cero, ¿elegirían libros o tecnología?
Y una todavía más polémica:
¿Seremos algún día borrados por las máquinas y terminaremos simplemente observando partidas "artificiales"?
Artículo creado con recopilación de notas en la web y apoyo de IA
